Volando en la tierra del colibrí:Península de Samaná
Ese pequeño pájaro que habéis visto en algún documental, pequeño, nervioso, de brillantes colores y un verdadero gourmet que se deleita con el néctar de las flores, se posará en vuestras manos mientras disfrutáis de un jacuzzi al aire libre. ¿O tal vez era en una bañera de hidromasaje?
El caso es que os encontráis en República Dominicana. Una isla en la que todas las playas son turquesa y de arenas blancas. Tras salir de vuestra propia bañera de hidromasaje, tendréis acceso exclusivo a dos de ellas. Podréis practicar todo tipo de deportes náuticos con y sin motor. O tumbaros, tras bajar por un ascensor exterior que hace que os vayáis embriagando gradualmente de la brisa marina, en una fantástica tumbona. Y, si queréis explorar, qué mejor que una excursión a la zona de Las Galeras, llegando a la maravillosa Playa Rincón a caballo.
Con un espíritu más aventurero, podéis turnaros en la conducción de una moto 4×4 mientras os deleitáis con las impresionantes vistas de la península de Samaná, paráis a comer en Playa del Valle y seguís el curso del Río San Juan hasta llegar a la cascada Lulú.
Cuidaros mucho. La oferta gastronómica es de gran calidad: desde un buffet repleto, hasta cocina de vanguardia, italiana y específica de un pescado fresco digno de un dios. E hidrataros probando, tal vez en un solárium o en unos selváticos jardines, algo que nunca habríais imaginado que existía: el afrodisíaco coctel Mamajuana, típico de tierras dominicanas. ¿O tal vez preferís un Coco Loco?
Bailad merengue, bachata y otros ritmos salseros. Renaced en el spa, sobre todo si tenéis a vuestra disposición un jacuzzi privado con aromaterapia, velas y flores, masaje relajante y zona relax con vistas a la Bahía Samaná.
Sabéis que lo vuestro es único, como el paraíso que os rodea
Foto: Ashley Strong



